Las curiosidades de la ruta por la Menorca Artesana

En este apartado de curiosidades haremos referencia a algunos aspectos en los que se fijó el Archiduque y que de alguna manera nos resultan singulares y nos parecen identificadores de la Isla.
Las aubarcas son realmente feas, y durante el invierno, con la humedad, son muy incómodas; la gente está, empero, tan acostumbrada a ellas que en el interior de la Isla, Mercadal y Ferrerías, constituyen casi el calzado exclusivo de la población. El tradicional zapato menorquín se ha relacionado con la payesía, incluso con la República, pero hoy en día su versatilidad ha hecho que su uso se haya extendido a todo tipo de gente. Actualmente existe una marca que certifica la autenticidad de este calzado.
La arquitectura menorquina también merece nuestra atención, y el Archiduque hace referencia a ella comentando la extraordinaria austeridad del exterior de las casas de Menorca a excepción de algunas casas ricas de Ciutadella, entre las que hay algunas realmente hermosas, y otras en Maó que mantienen algunos vestigios del periodo inglés, aunque raramente el monótono enjalbegado se ve interrumpido por un perfil. Era habitual y aún se mantiene el uso de ventanas correderas introducidas por los ingleses, mientras las persianas en Maó y en el campo suelen estar pintadas de verde oscuro y en Ciutadella, por el contrario, de un color madera amarillento. Sobre todo en las dos villas principales se pueden ver los balcones miradores, que en Maó (y en Menorca en general) se llaman boinder, vocablo desfigurado de bow window.
Un uso muy característico de Menorca es el reiterado blanquear las casas. Luis Salvador eleva esta costumbre a manía ya que no sólo enjalbegan los muros, sino también los techos y las caras de los muros de las cercas. Parece que esta inclinación por el blanco es de herencia árabe; de todas formas, el encalado puede deberse también en gran parte a la extraordinaria pulcritud de los menorquines. Ésta salta a la vista de manera especial al entrar en las casas; tanto en las ciudades como en los pueblos, e incluso en el campo, cada dos por tres tienen la escoba en la mano. Hay que hacer notar, sin embargo, que esta reiteración en el encalado no obedece únicamente a fines de limpieza, sino que se hace necesaria para el mantenimiento del marès que es un material fino, fácil de corroer y absorbedor de humedad.
Si por un casual entramos o vemos en el interior de las casas más antiguas en cierta manera distinguiremos las casas nobles de las más pobres por la escalera, construida con piedra por fuera y con una barandilla de hierro más o menos trabajado en las primeras, mientras que las otras están construidas en su mayoría de forma muy simple, formando un cuadro, con barandal de madera de listones cuadrados, con escalones hechos a veces de cemento.
Igualmente curioso puede parecer el pestillo menorquín, incluso quizás os lo habréis encontrado y no habréis sabido cómo funciona. El ingenio es simple y práctico, pero puede resultar molesto ya que tiempo atrás los jóvenes jugaban “al pestillo” (fer pestellet) picando la parte superior, lo que causaba suficiente ruido.